El problema con que se
enfrentan los intelectuales de este país es muy grave. Los políticos
reaccionarios han logrado que el público sospeche de cualquier empresa
intelectual, cegándole con la amenaza del peligro exterior. Como han
tenido éxito hasta ahora, han pasado ya a limitar la libertad de enseñanza
y a privar de sus puestos a todos aquellos que no se muestran sumisos, es
decir, a matarles de hambre.
¿Qué debe hacer contra este
peligro la minoría de intelectuales? Sinceramente, no veo más sistema que
el método revolucionario de no cooperación, en el sentido de Gandhi. Todo
intelectual al que convoque uno de esos comités, debe negarse a declarar.
Es decir, debe estar dispuesto a ir a la cárcel y a correr el riesgo de la
ruina económica, a sacrificar, en suma, su bienestar personal en pro del
bienestar cultural de su país.
Esta negativa a declarar no
debe basarse, sin embargo, en el conocido subterfugio de invocar la Quinta
Enmienda de la Constitución por la posibilidad de autoacusación, sino en
la afirmación de que es vergonzoso para un ciudadano sin tacha someterse a
ese procedimiento inquisitorial, y que ese procedimiento viola el espíritu
de la Constitución.
Si hay bastantes individuos
dispuestos a dar este grave paso, se conseguirá el triunfo. Si no, los
intelectuales de este país solo merecerán la esclavitud que se proyecta
para ellos.
P.D. : Esta carta no es
necesario que se considere confidencial.
ALBERT EINSTEIN
16 de Mayo de 1951