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Un Napoleón
de yeso en el pasillo
No estoy cansado de buscarte
pues nunca dejaste acercarme tanto
Estoy enfermo de niñez dejada por corredores de extraños dogmas
por donde nunca tuviste
necesidad de pasear tu insomnio, siempre dormías.
Siempre crecíamos en silencio
para no molestarte,
lamento que desde tu cuarto no
vieras el océano frío y negro de la eterna medianoche.
A veces me pregunto si toda esa
tristeza que va extendida por mis ojos
no es otra cosa que la ausencia del volver empequeñecido a
tus rodillas.
G.
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